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Secretos de una mente peligrosa
Ya es hora de un nuevo capítulo de esta historia atrofiada que es mi vida. No me decidí por un tema en particular para esta ocasión sino más bien por una recopilación de ideas que tuve en mente hace tiempo. Éstas se infiltran en mi cabeza, y detonan una serie de bombas en mis neuronas permitiendo la sinapsis. Hace unos días charlaba con unos amigos y recordé la página tusecreto.com donde el visitante deja un mensaje anónimo aclarando su edad y sexo y cuenta cual es su mayor secreto o algo que nadie sepa de sí. Por supuesto, se dice que varios son pura mentira (a mi me gusta creer que todo lo que leo ahi es verdad). Bueno yo hoy voy a contar mis secretos; algunos son bien sabidos pero hay otros que serán revelados aquí mismo por vez primera. Algo arriesgado porque muchos saben mi identidad, lo sé, pero sinceramente no me interesa.
- No puedo orinar si alguien esta cerca de mí, por más que haga fuerza no sale. Es fija. Me muero de ganas de mear pero no logro prender la manguera. Más que nada en el boliche que tenes un patoba mirándote de reojo, pero también en el casino y la calle, sin el cubículo ¡es imposible! Y eso que me meé en la cama hasta los 7 u 8 años.
- Cuando era chico me tocó ir al pediatra para hacerme un par de análisis. Habré tenido un poco menos de 9 años de edad. Era una mujer de 30 mas o menos pero bonita. Estatura, peso, estetoscopio, presión, y nada más pensé yo. Al rato me hace acostar en la camilla y dice, “bueno, bajate los pantalones que tengo que examinar como te esta creciendo el pito, vos no te preocupes”. Las palabras hicieron eco en mi cabeza pero no fue sino hasta que comenzó a palparlo que, sin advertirlo, tuve una erección instantánea. La doctora lo miró e hizo un gesto de aprobación y con un “terminamos” me pidió que me vistiera. Luego de unos años, ya cerca de los 15 me tocó ir de nuevo. Ya no tenía la mentalidad de pibito, y se me cruzaron otras ideas por la cabeza. Mi vieja me había mencionado que había buscado un profesional “para adolescentes”. Para mi sorpresa esta vez el doctor era un viejo de al menos 60 años. Y el bonus de la revisión esta vez incluía palpar los testículos, cosa que no me gustó ni medio, a pesar de que no hubieran anomalías. No sé que pensó mi vieja, pero prefiero que me examine una mujer joven a un hombre viejo...
- Cuando estaba en la primaria, me gustaba una chica y le dejaba cartitas debajo del banco. La primera vez intenté dejársela en la mochila, y como no sabía cual era la suya le pregunté al puto de mi clase. No tuvo pelos en la lengua en vociferar lo que yo intentaba hacer. La mina me rechazó.
- Mi vieja tenía la puta costumbre de controlar que yo copiara todo lo que hacíamos en clase. Siempre me revisaba los cuadernitos y las carpetas en busca de espacios en blanco o para chequear que yo escribiera en ellos. Como yo no lo hacía, o no pedía lo que no había copiado, me hacía llamar a mis compañeras (las mas feas) para que me dictaran lo que precisaba. Una vez la madre de una se mofó de mí haciendo referencia a que yo era un vago, cuando me tendría que haber agradecido de rodillas que llamara a su hija así tenía un pseudo contacto con un varón. Mi vieja continuó con este hábito nefasto, hasta 9no año y desistió cuando me volví propenso a llevarme materias a rendir.
- Cuando era chiquito mi viejo me llevaba cuando salía a jugar partidos de fútbol con sus amigos. A veces jugaba y otras no. En caso de que no, yo miraba el partido con una gaseosa o jugaba con alguno de los pibes que cuidaba autos. Un día (tal vez Seba fuera su nombre) cae con un amigo. El otro, se notaba de lejos que era mogólico, tenía problemas motrices, solo se comunicaba con gemidos y por momentos se babeaba, pero no me provocaba más que pena. Cuando me lo presenta yo lo saludo, el chico se sonríe y se le escapa un chorro de saliva, y se me acerca bastante. Me alejé un poco para verlo más que entusiasmado, y acto siguiente comenzó a correr hacia mí. Mi serenidad mutó en un híbrido de inquietud y confusión para tornarse en pavor. Corrí para alejarme de él pero para mi sorpresa este mantenía la misma velocidad que yo. Llegué a un poste y me trepé de un salto. A los pocos segundos llega Seba a las carcajadas al ver mi reacción y se lo lleva. No me dí cuenta pero ya de grande mostré cierto temor por los discapacitados. Por suerte lo he ido dominando de a poco. No es algo de lo que me sienta orgulloso ni nada por el estilo. También me dan terror los títeres de madera, o marionetas.
- Todas mis anécdotas empiezan igual, si la etapa más bizarra y entretenida de mi vida fue mi infancia-adolescencia. Con mi viejo tenemos como costumbre los sábados comprar sándwiches de Mamina o pizzas de María Helena, pero antes eran las de la Santa María pero como los cocineros usan queso de un descendiente directo de la cabra del mismísimo Jesucristo, éstas aumentaron exageradamente en precio. Siempre íbamos los 3, mi viejo, yo y mi hermana. A mi papá lo llamaron del laburo y se tuvo que ir por unos minutos dejándonos esperando el pedido a los dos. Se ve que era muy cargoso yo porque a los 10 minutos, le pregunté algo y me dijo para sacarme de encima – ¿che, por qué no haces una cosa, date una vuelta a la cuadra y después venís, dale? Me pareció interesante porque ahí no estábamos haciendo nada. A todo esto yo tenía 7 años, y era de noche por una zona que si bien no era muy jodida, mejor no hacerla solo. Cuando completo la manzana, lo veo a mi viejo que estaba re caliente por haberme ido solo y ya la había retado a mi hermana. De todos modos hubo pizza para los dos.
- Otra tontería que hacía mi hermana cuando éramos chicos y compartíamos la pieza, era simular que era una especie de árbol parlante y me hablaba. Lo sé, bastante pelotudo, porque creía fervientemente que yo entraba en la joda. Pero el detalle mas importante de este punto no era eso sino que, teníamos un librito para nenitos con dibujos para aprender palabras comidas, colores, formas, etc. El que te enseñaba los colores lo odiaba yo porque era una serie de payasos vestidos con ropas del color que representaban y con nombres bien antiguos, como Antonio, Alfonso u Hortencio. Pero mas me producía rechazo porque para el color negro, estaba un muñeco con una expresión de lo más enfermiza, parado firme mirándote fijo con cara de desesperación (es imposible que lo este inventando, tenía una mueca inhumana) bajo el nombre Gervasio. Muy bien, ahora, ni bien dije que no me gustaba mi hermana escuchó esto y abría el libro en esa página y lo dejaba en cualquier lugar cotidiano de la casa, de forma que yo lo viera, o sino también parado el libro sobre mi cama apuntando a la puerta para que fuera lo primero que viera cuando entrara a la habitación. La foto se las debo porque el libro hace rato que lo vengo buscando pero se perdió con los años, ni bien la encuentre la pongo. Mientras tanto les dejo esta joya (ahora, hay que ser hijo de puta, puse mogólico en el google y el primer resultado fue éste).
jejejejeje!!! esa vuelta a la manzana fue mundial, ejej! si lo hubiera planeado nunca me hubiera salido, jejeje!! Lo del señor arbol tmb, pero al principio si te lo creias, jejeje y le contestabas, eso soy testigo, jej!
ResponderEliminartenes ganas de ir al pediatra??
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