sábado, 22 de mayo de 2010

El amor imposible del Ema + Otra historia de histeria

Antes que nada les pido disculpas por no haberles brindado su dosis de estupefacientes semanal, ya que no dispuse de suficiente tiempo libre como requiere la narrativa de estos cuentos. Pero a no desesperar, porque pretendo enmendar mi ausencia con un doble post que será memorable, así también como una colaboración, la primera de ellas, ya que vendrán más de acuerdo al nivel de demanda. Saludos, ¡live long and prosper!


El amor imposible del Ema

Todo comenzó aquel día del traductor que mencione en la historia de las muelas, un miércoles a la noche, cuando me llama Martín para acompañar a un amigo a debutar. Ya me había hablado de él, así que sabía de su situación. El pibe pertenece a otra religión y fue criado de forma distinta, pero igual me calló bien. Con el correr del tiempo se hizo recurrente en nuestras salidas, dado que laburaba con Marcos, y este lo integraba en el grupo para que socializara un poco. Pero había algo peculiar en su forma de ser, que nos dejaba perplejos ante la imposibilidad de determinar qué era exactamente. Tal vez describiendo las circunstancias entiendan a que me refiero. Cuando salíamos a un boliche, él solía ejecutar una danza de apareamiento similar a la de los pavos reales donde la serie de movimientos y contorsiones que realizaba, eran acompañados de una mirada fija clavada en su pareja de cortejo, y de una serie de acercamientos invasores del espacio personal. Todo estuvo muy claro el día que fuimos de putas los 3, el Ema, yo y otro chabón. Cuando se presentan las chicas, viendo que no había mucha gente nos proponen pasar los 6 en una pieza compartida, (cada cual con la suya, aclaro para los despistados). Yo no tenía problema, tampoco él, aunque al otro no le entusiasmo mucho la idea. Y pasamos, lo más bien cada uno en lo suyo, hizo lo que tenía que hacer. Si miré 2 veces habrá sido mucho. Acá termina esa escena, pero unas semanas después hablando en la fila de un puestito de panchos, estando todos los chicos de la barra, sale el tema a flote. Y uno le pide con tono risueño algún comentario al Ema sobre aquella experiencia, a lo que él responde con una sonrisa que se escapaba de sus labios: ¡no sabés lo que carga este hijo de puta!” (realizando el conocido gesto con las manos, y con suficiente volumen de voz para que lo escuchase toda la cola de clientes y vendedores de la panchería). A lo que todos respondieron con carcajadas y muecas de desagrado. Se ve que se dio cuenta que metió la pata al decirlo y creyendo que yo lo seguiría en su opinión me lanza un: “¿Qué? ¿Vos no me mirabas a mí?” Ese fue el mayor indicio de que el muchacho era excéntrico en cierto sentido. Y había puesto sus ojos en mí. Ya finalizada la oleada de escalofríos, continúo. Hubo también otra situación que no voy a describir porque ya es demasiado chocante, pero los chicos se acuerdan bien de la del taxi... Otro momento interesante fue en la fiesta de año nuevo cuando nos juntamos en casa de Marcos (esa fue mi última parada de una serie de casas amigas en las que fui recibido y convidado con una copa o dos por el brindis), con unas amigas del anfitrión y nos quedamos tirados en el sillón hablando tonterías por un rato. Llegado un momento de la noche, me arrimo a una de las chicas y terminamos a los besos. Cual susurro del fantasma de la navidad pasada se escucha la voz del Ema (que estaba acurrucado en la oscuridad en un rincón) haciéndose presente con un dolido “gordo traidor...”. Ruido que en el momento no escuché yo porque estaba ocupado, pero uno de los presentes dio testimonio de ello. En fin damas y caballeros, toda la suerte del mundo. Desde ese día no se lo vio más. Pero se sabe que acecha detrás de biombos, agazapado y alerta (en referencia al libro del Coco Sily, y su descripción de los putos).


Otra historia de histeria (Primera colaboración)

Me cuenta un amigo (para no revelar su identidad usaré un seudónimo, Néstor) lo que le paso el otro día y vale la pena rescatar lo acontecido porque esto es solo una prueba mas del grado de histeria que tienen las minas. Y no quiero una horda enardecida de mujeres que me vengan con que “no todas somos así”, porque oh casualidad todas las que tienen los cables cruzados están en el camino de uno. Y después nos preguntamos como me dijo mi amigo, ya mas relajado tomándoselo con soda, al terminar esta charla, “¿a mi solo me pasaran estas cosas?”. Y a continuación dejo el relato de Néstor según me lo contó.

Anoche cuando salen del laburo, él y la susodicha, ella estaba por ir a comer al bar de por ahí cerca tipo 23.30hs y como tenía la casa para el solo y con mucha comida, la invitó. La mina que esta muy buena cabe resaltar, aceptó dichosa. Y enfilaron para la casa de Néstor. Comen juntos, todo muy lindo, y se queda en la casa. Se hacen 2am, después de levantar la mesa y charlar un rato, y la minita le dice que le dolía el cuello y no sé que boludez para que el papanatas la tocara un poquito y le hiciera masajes. El loco se vuelve quiropráctico a este punto. En un momento la pendeja le dice “como me acostaría para que me hagas masajes”. Entendido en el tema, él le devuelve un, “¿querés acostarte en mi cama y te hago masajes?”. “Si es en el sillón sí, sino no” Después de un tire y afloje, palazos, y coqueteo ingenuo, los dos enfilaron para la habitación. Ahí ella se acuesta boca abajo y se desabrocha el corpiño, (con la remera puesta) y Néstor se sube encima de ella y empieza a darle los masajes. No puedo afirmar a ciencia cierta si usó o no sus manos para este acto pero llegó un momento que no aguantó más y le encajó un beso de prepo en la boca. A esto la mina reaccionó mal y “se pudrió todo” me dijo. Se levantó enojada y sin gritar ni nada se fue al living. Mas tarde le dice, algo increíble: ella le dijo que no había sido el beso lo que la puso mal... sino el sentirse traicionada... porque ella lo veía y lo ve como un amigo. Después de semejante pelotudez, continúo. Ante esta situación mi amigo resolvió disculparse y como no le gustaba en serio, más que lo que a cualquier varón le pasa con una mina muy linda. La flaca le termina diciendo que “lo perdona” aunque “se siente traicionada”. Encima después tiene que acompañarla a la esquina y la flaca lo termina de hacer quedar como un nabo con un “te mataría si no te quisiera tanto”. Y cada uno a su casa y ahí termino todo. Ahora bien, a todo esto la mina tenía novio. Lleno de interrogantes en la cabeza Néstor vuelve derrotado a su casa: “¿me pasara a mi solo estas cosas o a todos?, ¿me lo hizo a propósito? o ¿yo nunca me di cuenta que de verdad me veía como un amigo? “Si tiene novio... ¿que hacía en mi casa a esa hora en dicha circunstancia?” Que flor de turra agrego yo.

domingo, 9 de mayo de 2010

Accidentes insensatos y operaciones quirúrgicas (parte dos)

Desde muy chico me dijeron que me tenían que poner ortodoncias (las desmontables) arriba y abajo porque tenía los dientes chuecos. Y bueno, me lo banqué. Años mas tarde ya estando en 4to grado me mandaron al oculista porque copiaba los enunciados del pizarrón como el culo. Me dice el doctor ¿hasta que línea ves? y frunciendo el seño a mas no poder como un viejo moribundo, buscando identificar en la lejanía el colectivo de línea, le digo “la 2da”. Increíble... ahora también lentes. Pero no unos lentes discretos, no, unos lentes de fondo de culo de botella, que fueron hechos con la lente de el radiotelescopio de Arecibo. Pero aguanté (aún hasta el día de hoy) siempre con la idea en la cabeza de que era temporal. Desde chico me vienen metiendo el verso de que “es por un tiempo nomás”. La cirugía para la corrección de la visión no la puedo describir debajo porque no me la hice todavía, pero calculo que para los 26 años estaré listo. Lo que sí puedo hacer es contarles mis experiencias en el campo de la cirugía máxilofacial.

Cirugía para bajarme los colmillos
No sé que edad tenía exactamente, pero era un pendejo (alrededor de 13 o 14 años). Y tenía dos colmillos superiores que no tenían espacio para asomar por la hilera de dientes que ya estaban acomodados, entonces me los tuve que hacer bajar, cosa que no quería porque se veían genial, mas que nada para asustar a los pibitos mas chiquitos haciéndoles creer que era un hombre lobo o un vampiro (ya aclaré que era un pendejo). Me dieron turno, y el doctor me explicó como era la operación, nada del otro mundo pensé yo. La cirugía consistía básicamente en cortar 2 ventanitas sobre la carne para dejar al descubierto los colmillos y pegarles un braquete para forzarlos a bajar en el futuro, con ayuda del alambre del arco de la ortodoncia. Llega el momento de la verdad: la anestesia, cosa que detesto porque mantengo cierto rechazo hacía las jeringas, más aún cuando estos sádicos de mierda se empeñan en mirarte fijo con una expresión de gozo mientras largan el chorrito para que no quede aire en ella. Ahora bien, la operación era una pelotudez, pero como fue la primera que tuve no tengo un recuero muy agradable. Por empezar el sentido del humor del doctor era bastante abrasivo para mi gusto, por nombrar algunos ejemplos, al momento de poner la anestesia me pinchó varias veces para no tener que usar una mas dolorosa como lo es la del paladar, y me dice “¿sabes por qué te pincho tantas veces?, para que te quedés quieto”, siempre con una sonrisa; o el hecho de iniciar la operación con un “¡te voy a masacrar!”. Ojo, yo en su lugar hubiese hecho lo mismo con un nene de mis características, cosa de divertirme un poco, así que no lo culpo. Otro detalle interesante para darle cierto matiz a mis pesadillas era el brutal rojo punzó de la sangre: esta emergía de mi boca y yo la alcanzaba a vislumbrar en el reflejo del lamparón de los dentistas, sus lentes, en los mismos guantes y en las gotas de saliva que el aparato succionador no alcanzaba a atrapar. Más allá de eso, no fue tan terrible.

Extracción de las muelas del juicio (lado izquierdo)
Esta historia es algo mas reciente; septiembre del 2009. Recuerdo bien que fue cerca del día del traductor (30 de ese mes) porque tuvimos una jornada en la facultad y yo terminé yendo con la jeta toda hinchada, y tanto mi atractivo como mi autoestima decayeron esa noche. Pero volviendo al relato, me tocaba sacarme las últimas 2 muelas del juicio porque estaban desacomodándome los dientes, sobre todo la de abajo que estaba acostada. Ya estaba más canchero yo porque la última vez, cuando me había sacado las muelas de la derecha no fue para tanto. Pero esta vez había algo diferente en el aire. La operación: comenzó con la anestesia, y tranquilo sacó la de arriba, en menos de 2 minutos. Ahí respiré hondo, y me relajé un poco, y casi al instante que dejé de contraer los músculos de las nalgas, el tipo me dice “bueno, ahora es el turno de la jodida”… no sonó muy reconfortante me atrevo a decir, pero al menos la sinceridad fue siempre una fija en todas sus operaciones. Y empezó el desagradable forcejeo. A veces no me daba cuenta pero entre el tubo chupasaliva, la mano del doctor, el instrumento quirúrgico y el movimiento de un lado para otro, inconcientemente cerraba la boca impidiéndole ver. Me lo dijo 2 veces y a la 3ra directamente se corrió, abrió un cajón y sacó un cubo de hule de 3cm y me lo hizo morder con el lado derecho de la boca. Ya no podía escapar. Después de al menos 10 minutos de tajearme la encía, que por lo que tengo entendido debe haber sido algo similar a cuando ya cortaste un árbol y queda sacar el pedazo con raíz y tenés que rebanar a palazos y fuerza bruta toda adherencia a la tierra, para recién después poder hacer palanca y sacar la base del todo. Lo noté frustrado y me preocupé pero estuve al borde de cagarme encima literalmente cuando se alejó y volvió diciéndome lo siguiente. “Bueno Federico, esta complicado así que vamos a probar algo distinto. Vos no te asustes…”. Hice caso omiso a su sugerencia y caí víctima de un pánico abrumador sin igual. El hijo de puta sacó un martillo y un cincel, (prestado de algún albañil amigo) y con uno en cada mano me remata con un “¡abrime grande!” Con cada impacto sentía que me estaba partiendo el cráneo en 2, me lloraban los ojos, traspiré como un condenado. Una tarde inolvidable. Después del 6to o 7mo golpe se ve que logro partir la muela y empezó a sacarla por pedazos (no contento con lo anterior me pasaba los pedazos ensangrentados de muela por la cara). Con ello concluyó la operación y pude relajar todos los músculos de mi cuerpo que estuvieron ultra contraídos durante todo el procedimiento. Me dijo como las veces anteriores, que mantuviera la gasa firme e inmóvil para que cicatrizase más rápido y evitar el sangrado, pero al poco tiempo volvés a salivar en mayor cantidad y con la boca cerrada no queda otra que tragar sangre o escupir. Yo opté por la segunda y puedo asegurar que no solo era desagradable para el espectador. Y para cerrar con broche de oro, mientras caminaba hacia la parada del bondi, me encontré con un amigo que me hablaba como si nada y al ver que no le podía responder tuve que recurrir al celular para explicarle via mensaje de texto mi condición. Se me cagó de la risa y me acompaño a escupir una vez mas en un tacho de basura cercano.