lunes, 5 de abril de 2010

Camino al colegio con mi vieja

Antes de iniciar la abrumadora tarea de relatar por escrito una nueva aventura de mi juventud, quería mandarles saludos a todos los amigos que recibieron en sus hogares con los brazos abiertos la visita del gordejo pascual.

Muy bien, hoy es el turno de una historia que quedó grabada en mi memoria como uno de esos momentos de vasta felicidad que a todos nos toca vivir. Todo comenzó una mañana de día de semana, aunque no estuvo ligada a la recurrente rutina colegial. Por lo general, mi viejo nos levantaba a mi hermana y a mí, desayunábamos con calma y tranquilidad, nos preparábamos y después él nos despachaba en la puerta del colegio. Pero no ese día. A mi papá lo habían llamado para una cirugía bien temprano y mi hermana no estaba, por no sé que proyecto. Irrelevante el porqué de su ausencia pero no el hecho en sí, ya que quedé librado a mi propia suerte. No tuve problema, seguí todos los pasos necesarios para salir decentemente de mi casa y dirigirme al colegio cuando escucho que mi vieja, ya despierta, me dice “te llevo”, y seguramente ustedes saben cuan agradable resulta el transporte público y mas aún a la mañana…
Levamos las anclas e iniciamos la travesía en nuestro galeón, el duna; es fija que hay muchos boludos sueltos en las calles y parece que mi vieja los atrae como mierda al excremento, y en cada encuentro la encargada del timón (o volante) no obvió una sola puteada del diccionario aprobado por la Real Academia Española para referirse a estos sujetos (todo esto por supuesto con las ventanillas altas de forma que nadie mas que yo pudiera escucharla). También debo mencionar que hay un tick que caracteriza a mi mamá que es el de señalar con el brazo completo y el dedo índice a la primer boludez que le llama la atención en vez de orientar al oyente de alguna otra forma, sacando así el exceso de mucosidad de mis fosas nasales. Ya estando a no más de 5 cuadras del colegio, mi expresión cargaba consigo una mezcla de tonos de agonía, agotamiento, incomodidad y un manantial de entusiasmo por incorporar nuevos conocimientos en el colegio ese día.
Estaba prendida la radio pero con este circo no podía escuchar lo que estaban diciendo, a lo que se cruza un ciclista, hecho que acrecentó la furia y los gritos de ella. Ya buscando algo de paz apagué la radio y traté de buscar refugio en algún recuerdo de mi infancia de inyecciones para una vacuna tamaño XXL en mi espina dorsal. De repente el epicentro de los gritos paso a ser yo. “¡¿Por qué apagaste la radio?! Prendela y ponela en la estación que estaba”; la mandé ligeramente a cagar, a lo que desaforada frena el auto de golpe y me da 2 opciones a elegir, 1) que hiciera lo que me dijo, ó 2) que me bajara del vehículo. Sin pensarlo dos veces me bajé y cerré de un portazo… ¡¡era libre al fin!! Pero esto no terminaba ahí, continuaba con el “Round Two, FIGHT!”. Por dos cuadras enteras me sigue con el auto, a paso de hombre digamos 5km/h, desde el auto tocándome bocina, sinceramente no sé que esperaba que hiciera yo. Eventualmente desistió, por causa del ridículo o por haber fundido la bocina, pero yo continué mi camino con la mirada fija al horizonte y llegué a tiempo al colegio evitando otra tardanza.
Cuando revivo esta anécdota con mi familia mi vieja, aún hasta el día de hoy, me sigue viendo como un criminal. Nunca me voy a olvidar de la felicidad y plenitud que sentí al caminar hacia el colegio… nunca mas se repitió esto en mí.


6 comentarios:

  1. jAJAJAJAJAA, q gordo de mierda, men, eso te pasa, x gordo, por eso siempre son utiles los auriculares, evita los ruidos externos en un viaje con gente "no deseada"


    GORDEJO DE PASCUA RLZ!!!!!

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  2. Hola Fedex!!! JEJEJEJEJEJJAJAJAJAJAJAJ!!!! No puedo dejar de reirme, es muy cómico. Te faltó mencionar que cuando maneja larga el volante y estamos a la buena de Dios, al estilo Cruela Devil, JEJEJEJEJEJEJEJAJAJAJAJAJA! Alejandra

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  3. AJJAJAJAJAJA te falto decir que en esas 2 cuadras te iba puteando tambien xD

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  4. Confieso que me siento identificado, no sólo por el hecho de ser reconocido yo también como "gordo puto" (o "callate, gordo atrofiado") sino también por este relato en particular. Algunos de los comportamientos que mi bendita madre suele tener me provocan ganas de matarla.

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