Puto Número 1 (el francés)
Era la época del colegio (las mejores cagadas y anécdotas están siempre relacionadas con éste) Es un saber universal que en el santísimo se encuentran perras en cantidades insospechables. Pero como consecuencia surgen los trolos, tal vez para crear un balance. Uno de ellos iba con nosotros a natación. Un día normal llega tarde el susodicho y me toca en el mismo andarivel que a él. Ya había rumores que se la comía, pero yo intenté ser tolerante y fingir que no me importaba para nadar tranquilo. Cuando yo salía el volvía así que fueron pocas las veces que nos cruzábamos, y en esas pocas me preguntaba cosas simples como de donde soy, cuanto calzo de pata de rana, y cuanto de zunga. No mentira, cosas simples, pero digamos al tercer cruce me pregunta por los bíceps. Yo iba al gimnasio por eso tenía los brazos “hinchados”; lo único que marqué ahí fueron tendencias, pero nunca un puto músculo. ¿Vas al gimnasio? – Sí. –¡Qué brazos tenés! –¡Viste boludo, y hace 2 meses que estoy yendo nomás! –¿Puedo tocar? –Dale... En ese momento levanto la vista y veo absolutamente a todos mis compañeros con una mezcla de asco miedo y morbo en sus rostros, y el puto chocho de la vida apretando el brazo como si fuera un culebrón africano. Caí en cuenta de lo que estaba pasando y me zambullí en lo profundo. Nadando cual manatí en cautiverio regreso al punto de partida, y me reciben los chicos disparando 10 mil preguntas, ¡Te toco todo!, ¿qué onda? ¿Vos te la comes? ¿Vos sos pelotudo? (esta última se repitió varias veces, viniendo de bocas distintas). Y esta historia termina acá porque si no lo paraba capaz que me apretaba el mús-culo.
Puto Número 2 (el rubio de la cantina)
Hubo otro puto famoso en mi colegio, el rubio de la cantina, que era el que te servía las medialunas. Todas las veces que te la entregaba acariciaba la palma de la mano del comprador provocando un cosquilleo, pero este no se reía. Sino más bien miraba con seriedad, dejando escapar una mueca de satisfacción… Así de repugnante como lo digo. Y adivinen a quien mandaban siempre a la cantina a comprar facturas…
Puto Número 3 (el puto de Pasacalle)
Una de esas fantásticas noches que planeamos con mis amigos ir al boliche de Arroyo Seco. Primero que nada, la infaltable, salimos tarde a la parada y la M azul de calle Oroño no pasó por 2 horas, y decidimos intentar con la M de San Martín que tarda mucho mas porque pasa por todos los pueblos de mierda que quedan de camino. Después de 45minutos de espera yo ya había decidido con uno para irnos a la mierda, a lo que llega el colectivo, y ahí mandé a la madre de cada uno de nosotros allá en por lo menos 7 lenguas muertas y 3 dialectos escandinavos. Hinchados las pelotas y deseando destruir y matar, arribamos al boliche, pasamos y nos dirigimos a la pista principal. Al poco tiempo notamos algo extraño: muy pocas mujeres y menos aún bailando, pero como las presentes estaban aceptables no nos importó. Prenden la máquina de humo y entran a fumigarnos, y cual genio saliendo de la botella (que ningún parecido tenía con Cristina Aguilera) aparece un puertorriqueño, con una trenza que le llegaba hasta la cintura; el loco con perfil de coreógrafo se bailó todo. Junto a él se asomó cada caripela, fue ahí cuando comprendimos que esa noche todos los osos come-masitas cambiaron la sede de Gótika y se reunieron en Pasacalle. Esa noche presenciamos suficientes trave, como por nombrar algunas: el puto que le daba de beber al otro un doctor lemon alejándoselo de la boca para que se derramara, el puto que bailaba el ‘agachadito’ con la mina detrás de sí, un travesti de 30 y tantos, y demás engendros. En la ronda de heteros que conformábamos nosotros en el medio de la pista se intentaba bailar, y en eso, aparece el soplaquenas de esta historia. Ahora bien, tengo que reconocer que el chamuyo fue muy práctico, casi provoca robárselo para practicarlo con alguna mina: se acerca y tropieza conmigo, y aunque no caí me ayuda a levantarme, con una sonrisa me dice, ¡como empujan che! –después ya mas mimoso– “hola, ¿cómo estas?” –a lo que respondo con cara de “esta empanada no es del gusto que yo pedí” le digo alejándolo con la mano– ¡No flaco te equivocaste, yo no soy puto!. Ah ok – y desapareció entre la multitud. Mis amigos se cagaron de risa, pero era envidia creo yo, porque a ellos ni los putos los chamullaban.
Hay sin embargo un muchacho (varios saben de quien hablo) que merece un posteo completo, porque de no hacerlo estaría restándole importancia a su figura, pero eso será otro día.

JAJAJAJAJAJ el nª 2 no la sabia yo, el nª 3 para nunca mas olvidar como me re cague de la risa y a la vez de miedo que noche poronga esa!
ResponderEliminarajJAjAjAJAjAJAAJJA dios gordo, algun dia si jah kiere, algun puto te rompera el orto, jaAJAJ, q bien bldo, q bien q estas ajAJAJA, igual todavia me deves la visita al negocio gordo de mierda, no agas caer la furia de los dioses sobre tus hombros, estas advertido. bless
ResponderEliminargordo de mierda
ResponderEliminarTengo una teoría de porque te siguen los putos: te haces el mala onda, con cara de agresivo pero como esa es una actitud muy masculina a ellos les atrae más. Justamente, ellos se consideran minas por ende van a buscar tipos que sean o por lo menos aparenten ser "machitos". Igual considero que lo más gracioso lejos debe haber sido el boliche, jejejeje!! Queremos más anécdotas con mamá, esas si que te hacen morir de la risa... la de la compu y su pared de la habitacion, por ejemplo... jejeje!! Alejandra
ResponderEliminaruhhhhhh! bien ahí... esa casi se me olvida! la pongo en la lista ;)
ResponderEliminarJAJAJAJJA muy bueno gordo!
ResponderEliminaraaaaaaaaaaaaaa nooooooooooooooooo peroooooooooo queeeeeeeeeeeeeeeeee gordoooooooooooooooooooooooooo deeeeeee mieeeeeeeeeeeeeerdaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
ResponderEliminarjajja me acuerdo de todas esas!! conta de la vez que patricia te encontró el vodka que habías llevado al cole...noe
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