Cuando me abrí el mentón
Este suceso se desarrolla un día que habíamos ido a la pileta del Club Provincial con mi viejo y estábamos prácticamente solos, temprano como siempre, porque no fui uno de esos afortunados de vivir en carne propia las fiestas paradisíacas que se engendraban durante las tardes con música dance, minas en bikinis, asado y amigos. Sentando precedente, en mi familia se acostumbraba ir de mañana al club cuando solo había unas focas con bloqueador solar gorros de paja y joyas. Momentos antes de irnos me encontraba practicando clavados en la pileta, fallando miserablemente en perfeccionar mi salto de cabeza ya que únicamente lograba posicionarme de forma horizontal en el aire e impactar de lleno con mi abdomen contra del agua. Pero no me rendí, y lo intenté reiteradas veces, hasta que me salió y casi me ahogo. En eso mi viejo me llama para irnos, y yo le pido inocentemente que me mire hacer mi acrobacia esperando que como premio me arrojara un par de pescados a la cara, a modo de premio claro. Me paro en el borde mirando para atrás y salto cayendo parado, bastante cerquita del borde, lo suficiente como para comerme el borde con la mandíbula. Un uppercut que me dejó K.O. y me obsequió un pequeño tajo en el mentón, con lo que tuvimos que ir con el médico para que me curara con la gotita. Una perlita entre mis boludeces de pendejo (habrá sido por el ‘95).
Cuando me quebré la clavícula
Tiempos dorados en el colegio eran cuando los recreos los pasábamos en el parque y disfrutábamos de la naturaleza, las canchas de futbol, y los espacios verdes, en la primaria por supuesto. Pero no faltaba el boludo que se quebraba o se lastimaba. Por lo que con el tiempo, nos prohibieron ir al parque, permitiéndonos solo aprovecharlo en educación física o el día del estudiante. Ese día que fuimos al parque, me sentí reflexivo y nihilista, y al igual que en un sueño, sin un propósito, razón o ilación de la narrativa, me dirigí solo hacia un árbol. Lo noté bastante torcido, con una rama que se mostraba fuerte por fuera pero era frágil por dentro, lo que me provocó un ferviente deseo de comprobar mi teoría de su fortaleza.
Trepo el árbol, me cuelgo de la rama cual lémur y le doy una sacudida. Nada. Me alejo un poco mas y pruebo de nuevo, esta vez noto un leve crujido y lo ignoro rápidamente para continuar con mi tarea, de nuevo nada. Me alejo un poco mas y ante el primer movimiento la rama se parte casi instantáneamente, cae primero (a pesar de que yo colgaba de ella, y por lógica tendría que haber caído después de mi, pero así lo dijo Zarathustra) y luego yo aterrizo sobre ella. Sentí al igual que un dibujo animado un “crack” fuerte y seco, sumado a que no me dolía nada. Y me alejé como si hubiera hecho una cagada y comencé a caminar en dirección opuesta. Después de los 50 metros sentí una gran presión en el hombro izquierdo y no podía moverlo. Llaman a una ambulancia y a mis viejos. Me pregunta la mina de la ambulancia como me lastime. Y recuerden, yo no quería que nos quitaran el derecho de ir al parque por causa de un boludo que se había quebrado. Y esto fue lo que respondí (y me apegué a mi historia como un ladrón a su coartada): “Estaba jugando a que era Superman. Entonces me subí a un banco para simular que volaba. No me di cuenta y cerré los ojos. Perdí el equilibrio y me caí (sobre las raíces de un árbol). Después no podía mover el brazo...” Hubo un silencio. Ahora que estoy escribiendo esto me pongo en el lugar de la paramédicos y lo que debe haber pensado, algo como: “¡Que mal che, como fue que perdieron de vista a este pobre mogólico y dejaron que se lastimara!” Como bonus, les cuento que tuve que hacer la comunión con un yeso en la clavícula, en octubre, con ese calor de mierda cagándome de calor con camisa y derecho como soldado. En la iglesia durante la ceremonia se me acerca la profesora de catecismo y me dice que me relaje un poco, que no estuviera tan tenso. Lo que putee... Adjunto una foto debajo para que se den una idea.
Cuando me sacaron la uña encarnada
Yo soy algo descuidado con el tema de las uñas de los pies, a tal punto que tranquilamente se puede confundir mis pies con los de un yeti bebé cuando olvido recortarlas. Es por eso que no es de sorprenderse que una vez se me encarnó la uña del dedo gordo del pie derecho. Traté de quitarla de la herida múltiples veces, con un alicate, un par de tijeras, instrumentos punzantes y demás herramientas, pero todo fue en vano. En una sesión regular de “enderezamiento de la uña” se derramaban al menos 2 gotitas de sangre, algo de pus (pero no siempre), y un pocillo de lágrimas, 2 veces por semana. Y yo tranquilo. Llego un momento que empecé a caminar como el hombre elefante porque me lastimaba de sobremanera pisar derecho. Acá hago una pausa y le mando saludos a Javito a quien yo confié el motivo de mi dolor a lo que me devolvió una mirada fija a la cara por unos instantes, me sonrió y gritó: “¡el gordo tiene zapatillas nuevas, hay que estrenarlas!” a lo que inició él mismo el rito con un pisotón importante. Grité... y me desmoroné de dolor en el piso con el pie adormecido y a los 2 minutos cuando me recuperé lo veo a él en el piso rodando de la risa. Gracias. También es importante recalcar que con mi andar de parapléjico yo volvía casa después del colegio por 2 semanas. Cuando ya no podía pisar, fui al médico esperando que me dijera que me iban a tener que cortar el pie. Al momento de la operación, me acuestan en una camilla y me aconsejan que no mire, me anestesian con un jeringazo entremedio del dedo gordo y el índice, no estuvo bueno pero lo peor estaba por venir. Remueven la pezuña y no sentí dolor, a lo que creí que faltaba mas, cuando contra la instrucción del doctor me incorporo y veo una garra ensangrentada sostenida por una tenaza y acto reflejo me miro el dedo sin uña y casi me desmayo. Mejor que la película “la llamada” y “el grito” juntas. ¡Ahh!, cuando me acuerdo, me sigo cortando las uñas como un cavernícola con varios instrumentos (menos una tijera) y sino, me las dejo largas y las raspo contra la pared para afilarlas.
Solo me despido aclarando que por falta de tiempo no logré poner todo el contenido que planeaba en este posteo. Así que aguarden al borde de sus inodoros la segunda parte, esta semana o el martes próximo, para tener algo con que limpiarse. Saludos.

ajajajajajajja me mató la foto gordo!!
ResponderEliminarsos un mostro escribiendo ;)
gracias che!! la foto es durísima, y difícil de asimilar en mi conciencia. Esta bien, yo era gordito ya a los 10 años, pero ese yeso potenciaba esa percepción; ademas te aseguro que era toda una máquina de tortura. La primer noche casi lloro de lo incómodo que era para dormir, y cuando me dijeron que me lo sacara me lo quité, lo prendí fuego a lo jimi hendrix y baile alrededor tal como en un ritual tribal.
ResponderEliminarMuy bueno!!!! Espectacular!!!! Lo mejor fue tu relato de la fractura de clavícula, jejeje!! Alta fotooo
ResponderEliminarjajajja! te juro que me hiciste llorar de la risa con lo del javi...lo peor es que me lo imagino al muy hijo de puta haciendo esa maldad...creo que yo estaba ese dia... Noe
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